PERDONAR Y PERDÓN...
PERDONAR Y PERDÓN
Qué
es el perdón
Conociendo
ahora el origen etimológico de perdón, vamos a dar la siguiente definición para este valor humano:
Perdón es la voluntad sincera y amorosa de
eliminar respuestas destructivas causadas por pensamientos y sentimientos
negativos hacia quienes han infringido una ofensa o un mal acto en contra
nuestra, renunciando ante todo al deseo de venganza.
Perdonar sería la acción, es decir, llevar
a la práctica el perdón. Debemos entender que es sobre todo un proceso, lo cual
implica que toma tiempo.
Ninguna
herida sana de un día para otro, mucho menos si es una herida emocional.
Qué
no es el perdón
Para
dar mayor claridad al concepto, explicaremos a continuación lo que no es perdonar. A veces estas distinciones
son imprescindibles para evitar confundir o entremezclar conceptos.
Amar es perdonar, pero no olvidar
Está
claro que por más que queramos olvidar un agravio, no va a pasar. No se trata
de ir a hipnosis para que nos borren los recuerdos y ya está. Eso no sería perdonar sino olvidar, lo cual es bien
diferente.
Cuando
tú perdonas, eres libre de decidir si retomarás nuevamente una relación con
quien te ofendió.
Al no
olvidar, puedes optar por protegerte. Pese a que no guardes ningún rencor,
tienes derecho a tomar medidas que eviten en lo posible un nuevo ataque en tu
contra.
Por
ejemplo, si quien te dañó fue tu esposo, así lo perdones puedes optar por
divorciarte, irte de la casa o pedirle a él que se vaya.
No olvidar es supremamente
importante. Si olvidas, serías vulnerable otra vez porque bajarías la guardia. No
se trata de ser paranoico, sino de no ser ingenuo… “al perro lo capan solo una
vez”. Debes cuidar de ti. Jamás olvides la lección aprendida.
Perdonar no es reconciliación
Te fue
infiel, ¿y te sientes culpable porque dices haber perdonado a tu esposa, pero
no quieres regresar con ella? No te preocupes. No es necesario.
Recuerda
que el perdón simplemente es abandonar la idea de un comportamiento destructivo
hacia el ofensor. En otras palabras, es
un proceso interior que debes completar tú mismo en tu
interior. No interesa lo que pase allá afuera. Si no quieres reconciliarte, no
lo hagas.
Puedes
controlar lo que te pasa, pero jamás lo que sucederá allá afuera. No hay
necesidad de forzarse a arreglar las cosas con alguien que es un pesado. La
gente no va a cambiar, es más, es probable que ni siquiera estén arrepentidos,
¡no importa! La sanación es tuya, no de ellos.
Este valor del perdón como
terapia personal ha sido implementado en la psicología desde la
década del 90, y los resultados que se han reportado en varios artículos han
sido muy positivos.
Perdonar no es renunciar al deseo de
justicia
Cuando
alguien te ofende de una manera grave, quizás irreversible, esa persona debe
pagar por su error ante la ley.
Toca
aclarar que hacerla pagar no debe convertirse en una obsesión, porque entonces
habría allí un deseo de venganza. Lo correcto sería simplemente presentar toda
la ayuda necesaria para que las autoridades puedan encargarse de su
judicialización.
Si la
ofensa no es tan terrible, es decir, no hay un proceso legal establecido que la
abarque, no tienes tú que encargarte de hacer que el ofensor pague. Perdona y suelta.
Creas
en Dios o no, jamás deberías desearle mal a otro ser vivo, así tengas toda la
razón del mundo. En cierto modo, buscar justicia divina es querer que el otro
afronte una desgracia; analízalo y no lo hagas.
Características o elementos del perdón
El perdón es uno de los valores
más complicados de implementar en la sociedad. Varias
religiones hablan de él, y ahora hasta la psicología lo usa como herramienta
terapéutica, pero sigue siendo todo un misterio.
A continuación,
indicaremos varios elementos que deberías tener en cuenta para perdonar las ofensas de quien te hizo daño.
Objetividad
Si no hay ofensa, no existe el
perdón. Muchas veces las personas se ofenden por acciones o palabras que en
realidad no constituyen un agravio; ellas aparentan que lo es, para manipular
al otro y llevarlo a hacer algo.
Si se
cae en esta trampa, el proceso de sanación no existirá porque la causa que
genera el malestar es inventada y manipulada.
Humildad
Cualquier acto de perdón debe ser
sencillo y humilde. La persona, en su humildad, reconoce la falla o la necesidad de
perdonar (según sea el caso) y actúa acorde.
Igual,
ten en cuenta que debemos perdonar para
ser perdonados, y por tanto el orgullo y la soberbia no son
buenos aliados porque nos llevan a justificarnos o echar la culpa a otros.
Cuando
hay un ego inflado, se carece del valor y la sencillez requerida para una
comunicación veraz.
Inmediatez
Cuanto
más tiempo pase sin abordarse el evento que ocasionó el malestar, más probabilidades
hay de que el rencor se vuelva violencia o la tristeza depresión.
No se
trata de perdonar apenas sucede el ataque, porque es imposible, sino de iniciar
el proceso de perdón inmediatamente.
Recuerda
que toda emoción que reprimes, con el pasar de las semanas te carcomerá más
hasta que un día estallará con resultados bastante desalentadores.
Veracidad
Para que la acción de perdón sea
auténtica, tiene que estar rodeada de verdad. Esto no quiere decir que debamos
conocer todos los detalles de la circunstancia que ocasionó el malestar sino,
más importante, que no nos engañemos a nosotros mismos.
Si aún
dudas, sigue trabajando. No se trata de liberarte bruscamente. La idea del
proceso es quedar limpios, en paz y armonía. Para esto, no podemos pretender
que ya estamos curados, o que perdonamos a quien nos ofendió cuando en realidad
todavía lo odiamos.
Tú
marcas el paso. Si aún no estás del todo listo, baja el ritmo. Es mejor
demorarse más que hacerlo mal.
Amor
El amor y el perdón van de la
mano. Puede que no ames a quien te ofendió, pero sí te amas tanto a ti mismo
que has decidido abandonar toda tendencia destructiva. Quieres estar en paz y
ser feliz de nuevo.
Cuando
queremos perdonarnos a nosotros mismos, o perdonar las ofensas de los demás, el
amor debe ser la raíz sobre la cual crezca el árbol de la liberación.
Valor
Emprender
un proceso de perdón no es una tarea fácil. Se requiere de valentía y agallas,
y más si deseamos reparar el daño causado.
Bajar
la cabeza para pedir perdón de
corazón, no es algo que cualquiera esté dispuesto a emprender
por motivos de orgullo. Pero, a la final, vale la pena.
Sin el
valor de continuar con la sanación hasta el final, no se conseguirían grandes
resultados. Además, es importante enfatizar que, aunque ambas acciones
requieren de valor, es más fácil
pedir perdón que perdonar, ya que lo segundo amerita bastante
tiempo de sanación, mientras que lo primero es una decisión que se ejecuta en
un par de minutos.
¿Y por qué perdonar? Porque es
muchísimo más provechoso vivir sin las cadenas del rencor y los sentimientos de
culpa.
Tipos
de perdón
Hay varias clases de perdón, según la
perspectiva que abordemos. Como nuestra intención es ofrecerte toda la
información sobre el perdón, daremos la clasificación más completa posible.
Perdonarse a sí mismo
En la
vida siempre suceden hechos que nos provocan desilusiones. Nos avergonzamos de
nuestro actuar y desarrollamos complejos de culpa difíciles de manejar. Para
liberarse de esas cargas, debemos perdonarnos a nosotros mismos, reconociendo
que, como cualquier ser humano, somos propensos a fallar y equivocarnos.
Perdonarse a si mismo es muy importante para
llevar vidas plenas.
Perdón a Dios
A
veces es difícil concebir que haya un mundo lleno de odio, maldad y desgracia
por todas partes.
Dado
que no aceptas como la vida es, puedes llegar a culpar a Dios de lo malo que te
pasa. Al hacer esto, tú eres el único perjudicado, así que lo más conveniente
es que reflexiones sobre tus creencias y te liberes de ese enojo.
*La
palabra Dios puede ser reemplazada por mundo, vida, destino… según tus
creencias.
Perdón divino o Perdón de Dios
También
llamado como el perdón espiritual,
es el más elevado al que puede aspirar un creyente. No aplica para personas
ateas o agnósticas.
Perdón a los demás
Tanto
pedir como ofrecer perdón, hacen parte de la vida de cualquier humano. En
cualquier momento puedes ser el que perdona, o el que causó daño y debe
arrepentirse para pedir disculpas. Es más, el simple hecho de reconocer esto,
te da la oportunidad de entender que vivimos en un mundo imperfecto donde errar
es ineludible.
Recuerda, Jesús,
Buda, Mahatma Gandhi y otros grandes pensadores y filósofos, siempre nos han
invitado a perdonar, ¡por algo será!
Perdón condicional
En
este caso, el ofendido o víctima pone una condición al agresor u ofensor para
perdonarlo.
EJEMPLO. David decide
perdonar a su amigo Francisco, solo si le devuelve la suma total del dinero que
le prestó.
Perdón incondicional
Se
perdona como parte de un proceso terapéutico
personal, por tanto, no interesa exigir nada a nadie.
EJEMPLO. María ha
estado sufriendo mucho después de que fue violada. Como parte de su
recuperación, decide perdonar de corazón sin importar qué suceda con el
agresor.
Perdón pleno
El
ofendido perdona al agresor y decide restablecer su vínculo con este como si
nada hubiera acontecido.
EJEMPLO. Daniela
vuelve con su esposo Patricio después de perdonarle su infidelidad.
Perdón parcial
La
víctima perdona al ofensor, pero no le interesa restablecer el vínculo que
existía previamente.
EJEMPLO. Pedro
perdona a su esposa Karina por haberse acostado con su mejor amigo, pero quiere
el divorcio y la custodia de los niños.
Perdón solicitado
El
ofensor busca a su víctima y le solicita perdón.
EJEMPLO. El asesino
del joven Carlos busca a sus padres y les pide disculpas por su mal obrar.
Perdón espontáneo
El
ofendido perdona al culpable, sin necesidad que este se lo pida explícitamente.
EJEMPLO. El Papa Juan Pablo
II perdonó a quien intentó asesinarlo, sin que este se lo haya solicitado.
Perdón tácito o expresado
El
ofendido le hace conocer al agresor que lo ha perdonado.
EJEMPLO. Cristina va
a la cárcel para comunicarle al asesino de su hijo que lo perdona.
Perdón no expresado
La
víctima perdona y se sana interiormente, pero no se lo cuenta al ofensor.
EJEMPLO. Marcela ha
perdonado a todas las personas que le hacían matoneo por ser gordita, pero no
le interesa contárselos.






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